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domingo, 4 de marzo de 2012

¿Un milagro del Papa para Raúl Castro?

Por Lázaro Tirador Blanco.

Se recibe de nuevo la visita de un Papa en Cuba y una vez más el régimen de los Castro manipula este acontecimiento para sacar sus ventajas. Pareciera que el papado se haya propuesto soplar aires nuevos a la dictadura cada vez que ésta se encuentra al borde del colapso. No lo digo a manera de ofensa, pero como dice un popular proverbio: “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

Si bien es cierto que la visita del entonces Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998 estuvo rodeada de algunas “concesiones” de parte del régimen, la realidad fue que sólo utilizaron el “momento histórico” para mejorar en algo la difícil situación por la que atravesaba el régimen castrista. La historia demostró que todo siguió “de mal en peor” para el pueblo cubano. Pero aquella visita resultó como “un milagro del Papa para Fidel Castro”.

Cuando el león se encuentra enjaulado, un pequeño paseo por el circo le hace sentirse un poco libre. ¡Pero sigue enjaulado! Y así siguieron las cosas y así se mantiene enjaulado el pueblo cubano hasta esta nueva visita papal a la Cuba encadenada.

Hoy la iglesia evangélica se siente orgullosa de que –como resultado de la visita del Papa-, logró en aquel entonces celebrar 18 servicios públicos en un año en Cuba y muestra como algo positivo que el tirano representante de Satanás –Fidel Castro-, asistiera a algunos de estos eventos.

Hablemos claro, aquella visita papal supuestamente abrió algunas puertas para la iglesia, pero en realidad todo siguió igual. Los creyentes siguieron siendo acosados y algunos perseguidos y amenazados. Otros fueron manipulados y aquel aparente respiro para los cristianos evangélicos se convirtió en la presentación pública de algunos “cristianos representativos” que se convirtieron en asquerosos voceros de las “bondades” del régimen para con el pueblo de Dios, deviniendo reales promotores de la fachada tolerante del régimen hacia la Iglesia en Cuba, cuando la verdad sigue siendo la misma: controles políticos, amenazas, encarcelaciones, restricciones y cuanto obstáculo Satanás disfrazado de verde olivo ha ideado para seguir oprimiendo a los verdaderos cristianos en la Cuba castrista.

Es bochornoso y a la vez doloroso, que aún hoy haya gente que se crea aquello de que “tras la visita del Papa las iglesias evangélicas puedan alcanzar el debido reconocimiento”.

Hablemos claro, para quien la visita papal será un “bálsamo milagroso” para algunas de sus penurias actuales será para el régimen castrista. Pese a la tradicional pasividad de la mayoría de los gobiernos norteamericanos –incluyendo al actual-; la indolencia y la complicidad de muchos gobiernos alrededor del mundo y el sufrimiento creciente de la inmensa mayoría del pueblo cubano, la visita de Benedicto XVI a Cuba será más útil para el propio régimen que para el esclavizado pueblo de Cuba.

Cuando en 1984 Fidel Castro comenzó su relación con el Reverendo Jesse Jackson, el régimen comenzó una nueva política hacia la iglesia en Cuba. Esa política se podría resumir en dos grandes objetivos: la apariencia de una apertura hacia los evangélicos y lograr convertir a algunas personalidades evangélicas en voceros de las bondades del régimen. Los llamados “Pastores por la Paz” y el Reverendo Lucius Walker han sido verdaderas “vitrinas publicitarias” para el castrismo en los propios Estados Unidos y el resto del mundo.

No obstante, todas estas circunstancias y manipulaciones, la verdadera iglesia de Jesucristo, con miles de iglesias en casas, con incansables creyentes predicando el Evangelio, sufriendo persecuciones y abusos y siendo reprimida constantemente, no tiene puesta su mirada en la próxima visita del Papa, ni en Obama o cualquier otro hombre, quienes siempre la han defraudado.

La verdadera iglesia cristiana alza cada día sus ojos a los montes, de donde vendrá su socorro, porque su verdadero socorro proviene de Jehová, quien hizo los cielos y la tierra (Salmos 121).

La anterior visita papal a Cuba –de Juan Pablo II-, llegó en un momento difícil para el castrismo. Hoy, el régimen comunista se tambalea como nunca antes y necesita algo que le dé un nuevo respiro de alivio. Los grandes negocios petroleros con Rusia, China e Irán aún están tambaleantes y la explotación petrolera en la plataforma insular frente a Estados Unidos dependerá de la reelección de Barack Obama y para colmo, -la inminente muerte de Hugo Chávez carcomido por el cáncer- amenazan hasta las raíces la sostenibilidad del castrismo. Raúl Castro y la “Momia en Jefe” (su hermano y mentor Fidel), saben que necesitan de “algo impactante en el pueblo cubano” para obtener un respiro. La próxima visita a Cuba de Benedicto XVI puede ser “ese milagro” que les viene “como anillo al dedo”.

Pero hoy las condiciones no son las de 1998. El pueblo cubano no aguanta más y la Isla se rebela de manera que se hace cada vez más incontrolable, y es evidente que el pueblo ha perdido el miedo a la represión. Raúl Castro sabe que en cualquier momento le puede pasar como a Gadafi en Libia, y por eso trata de usar al Papa como un “remedio casero” para mejorar su salud política.

Pero aunque no lo quieran reconocer aún, el castrismo es un cáncer en fase terminal y para alivio de los cubanos –y del resto del mundo con vergüenza-, ese mal que tiene el régimen cubano “no lo cura ni el médico chino”, como decía mi abuela.

Quizás la visita del Papa pudiera ser la “extremaunción” del régimen moribundo.

Vídeo relacionado y sugerido por el editor que demuestra que cualquier iglesia es buena para apuntalar un régimen que se derrumba. Y cuando el derrumbe es inminente, los Castro son capaces de acudir inclusive, a todas las iglesias a la vez.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La última válvula del régimen

Por Lázaro Tirador Blanco.

Aunque sin la astucia, agudeza y oportunismo de su hermano Fidel, el actual dictador de turno muestra de nuevo la estrategia ya manida de buscar una válvula de escape cuando la situación se torna demasiado candente dentro de Cuba, y las presiones internacionales comienzan a acrecentarse y el régimen a sentirse acosado.

El sistema totalitario está lleno de momentos en que pareciera que al fin habría una oportunidad para la conciliación, para el entendimiento y para que el régimen “aflojara un poco la mano” y el pueblo tuviera más oportunidades aún dentro del esquema del sistema totalitario. La más reciente fue en tiempos de la toma de posesión del presidente Barack Obama.

Pero ahí está la Historia para corroborar que –una vez reprimida, pasada y controlada la situación interna-, la represión, la persecución y la altanería castrista –primero con Fidel y ahora con Raúl Castro-, resurgen renovadas, con nuevos bríos y más ávidas y cruentas.

En tiempos de la ascensión de Obama al poder, el propio Fidel Castro y a la par su hermano, enviaron piropos y halagos al nuevo presidente del imperio los que iban acompañados de promesas de reformas, medidas de aperturas y una mejoría de las condiciones de vida de los cubanos, entre ellas la ampliación de los viajes a la isla, el acceso de los nacionales a la internet, a la telefonía celular, el acceso a los hoteles de turismo y otras. La vida demostró que las reformas o nuevas medidas amañadas, ningún beneficio trajeron en la práctica a la mayoría del pueblo y que los halagos y piropos al presidente Obama se convirtieron en los tradicionales epítetos e insultos reservados para los presidentes norteamericanos, con independencia de su filiación partidista, durante más de 50 años y un nuevo y grosero portazo en la cara a la comunidad internacional.

En tanto en la Cuba de adentro sí se han estado produciendo cambios, pero no en el régimen sino en la concertación de un nuevo pensamiento de unidad contra el sistema totalitario que –aunque subterráneo todavía-, va aflorando poco a poco bajo una intensa y ejemplarizante resistencia de los prisioneros políticos -algunos en huelgas de hambre como el recientemente fallecido Orlando Zapata y el aún en huelga Guillermo Fariñas-, así como las protestas populares pacíficas encabezadas por las dignas y valientes Damas de Blanco. Otras opciones disidentes como el Proyecto Varela y tantos otros elementos que sería largo nombrar, están despertando poco a poco la conciencia nacional y acrecentando la certidumbre de que ha llegado el momento del cambio real y de la expulsión del castrismo y sus genízaros del poder.

No obstante y pese a su miopía política y falta de la habilidad y del histrionismo oportunista de su hermano y mentor, Raúl Castro está ensayando un nuevo coqueteo –ahora con la Iglesia Católica- para proponer una salida a la crisis que ya se le hace insostenible: se ha mostrado dispuesto a resolver la situación de los presos políticos. Así ha declarado el cardenal Jaime Ortega después de una reunión con el tirano, sobre la cual dijo esperar que el gobierno libere presos políticos, sobre todo a los más enfermos. Esta nueva maniobra ha sido considerada por la jerarquía católica de la isla como positiva y ha despertado optimismo en diversos sectores dentro y fuera del país.

Pues esa es la intención castrista: lograr un alivio de aspirina a la difícil situación que atraviesa el régimen, no sólo por el incremento de la represión abierta que ha desatado contra todo lo que huele a “disidencia” o “mercenarios del imperio” (como califica a los opositores), sino porque sus fracasos en el terreno económico, laboral y social van acercando cada día más al régimen a su apocalipsis, y eso el pueblo cubano lo intuye.

Claro está que cualquier alivio que se logre en las condiciones de confinamiento de esos sufridos, vejados y masacrados hermanos que llenan las cárceles cubanas en infrahumanas condiciones, será algo que todos los cubanos deseamos; pero qué triste que tengamos que esperar que el régimen use esos “beneficios” como válvula de escape de su desesperada situación. Gracias a Dios ya son pocas las opciones que les quedan, como poco es el tiempo de supervivencia que tienen.

El implacable reloj de la Historia está tocando su hora contra los que han tratado de asesinar la verdadera historia de la Patria, de ocultar y negar el ejemplo que proyectan sus héroes y próceres, los de antes y los de ahora; que asesinan la noticia veraz, el sufrimiento diario, y la rebeldía que surge en cada rostro, que se susurra en cada garganta, pero que se levantará en cualquier instante, no como un estertor de muerte, sino como un grito de victoria y de esperanza, como una verdadera válvula de escape no del régimen agónico, sino de la libertad secuestrada, del sufrimiento vencido y del nuevo amanecer de la nación cubana, sin tiranos y con todos y para el bien de todos, como dijera Martí.

Esta es quizás la última válvula, pero sin escape para el régimen.


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