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martes, 4 de enero de 2011

¨La nefasta Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata 2010¨

Por Darsi Ferrer.

La exclusión del gobierno de Honduras en la última Cumbre Iberoamericana arroja serias dudas sobre el carácter democrático de ese marco regional, donde se aceptó la arbitraria decisión de dejar fuera a un gobierno elegido soberanamente en las urnas. De modo paradójico, no hubo ningún reparo en la participación de la delegación cubana, que representa a la única dictadura militar del Hemisferio, y su gobierno en más de medio siglo jamás se ha sometido a elecciones libres, prohíbe el multipartidismo, reprime toda manifestación de libertad de prensa y encarcela a sus disidentes políticos.
Detrás de esta pertinaz ojeriza, que contó con el beneplácito y responsabilidad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como representante del país anfitrión, se percibe la perniciosa labor de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), engendro subversivo fraguado en las cocinas de la inteligencia cubana y subvencionado por los dividendos del petróleo de Venezuela. Este instrumento de intervención político militar aunque demuestra estar en franco declive ante la pérdida de buena parte de su credibilidad, luego de los rotundos fracasos en los intentos subversivos e injerencistas que experimentó primero en Honduras y más recientemente en Haití, aún persiste y logra deformar el carácter democrático del Continente, al influir decisivamente para convertir a la república de Honduras en un paria.
Los argumentos utilizados para la exclusión del hermano país centroamericano en el cónclave regional son una distorsión de los hechos allí acaecidos. Fue precisamente el jerarca venezolano, Hugo Chávez, quien alimentó las ambiciones de poder del entonces presidente Manuel Zelaya, iluso al que convenció de que recibiría el apoyo político y financiero del ALBA y de los gobiernos de izquierda de la región, en su intentona inconstitucional de perpetuarse en el poder. La actuación rápida y decidida de los poderes civiles y militares hondureños logró frenar la pretendida vulneración del Estado de Derecho. Por ello, Honduras y su pueblo recibieron de inmediato el impacto de la furia del ALBA y sus satélites políticos.
Pese al desempeño ordenado y consecuente con la ley de su nación, las autoridades provisionales fueron acosadas y aisladas durante un año. Los hechos y resultados palpables en el país desmintieron que la acción tomada contra Zelaya fuera uno de los tradicionales golpes militares tan a la usanza en el Continente hasta hace unos pocos años. El presidente interino, Roberto Micheletti, anunció de inmediato sus intenciones de convocar elecciones multipartidistas en seis meses. Sin embargo, sufrieron acusaciones y acosos, embargos comerciales y financieros, acciones y presiones injerencistas por parte de gobiernos del área. Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Cuba y Brasil se comportaron tan imperial y arrogantes con una nación hermana como históricamente han acusado a la política exterior de los Estados Unidos.
Además de crearse un frente cerrado de condena y marginación al gobierno emergente de Honduras, calificándolo de golpista, el infundado repudio fue tan sospechosamente coordinado que al principio arrastró hasta a otros países democráticos de Occidente, los que apoyaron el rechazo continental. Sólo a medida que se fueron conociendo las circunstancias y la masiva respuesta del pueblo de Honduras, contraria al destituido Zelaya y de apoyo al nuevo gobierno provisional, fue que poco a poco estas naciones democráticas abandonaron posiciones tan apresuradas y extremas para asumir un prudente compás de espera ante los acontecimientos.
Y la comunidad internacional fue testigo de que el gobierno provisional de Honduras cumplió su palabra. Sus elecciones multipartidistas fueron inusualmente masivas, transparentes, observadas internacionalmente y los resultados aceptados por la opinión pública. Sin embargo, las fuerzas antidemocráticas que se proclaman campeonas del orden constitucional persisten en negarle el reconocimiento a esa expresión de libre voluntad de los hondureños.
¿Tiene el ALBA y compañía el derecho a decirle al pueblo de Honduras quién debe gobernarlos? ¿Quién mejor que los propios hondureños para determinarlo? Olímpicamente se olvida que la salida electoral ha sido aceptada por la comunidad internacional como la solución usual y menos traumática a las crisis dejada por otros recientes casos de turbias demociones, como fueron las de Jamid Mahuad y Lucio Gutiérrez en Ecuador, la de Sánchez de Losada en Bolivia o De la Rúa en Argentina. Con estos antecedentes regionales, ¿por qué es refrendado en la Cumbre Iberoamericana este empecinamiento en mantener fuera a la legítima representación de Honduras?
Como presidenta del país anfitrión del evento, la presidenta Kirchner es la máxima responsable de este desafuero de Argentina. Resulta inconcebible que en la Cumbre Iberoamericana se rechace la participación de una nación hermana, que cumple los estándares democráticos de respeto a la soberanía y voluntad popular. Más cuando al mismo tiempo se acepta como par, y con extraordinario beneplácito, a un régimen militar, ilegal y abusivo de todos los derechos humanos como el gobierno de Cuba.
Ante esta contradictoria realidad, el documento final aprobado en la Cumbre refleja una colosal hipocresía y en particular una burla hacia el pueblo cubano. Además de la resolución de condena al embargo americano, los asistentes se comprometieron en el no reconocimiento de cualquier gobierno del área que emerja como resultado de un golpe civil o militar. En estos planteamientos hay un evidente y descarnado doble rasero. Los cubanos no desean ser gobernados por una dictadura como la de los hermanos Castro. Aspiran a una transición pacífica, gradual y segura hacia la democracia. Pero a la luz de las conclusiones aprobadas por la Cumbre de Mar del Plata, en caso de sucederse un golpe de estado en Cuba, ¿la comunidad de gobiernos del área actuaría del mismo modo como lo ha hecho con Honduras? Y de presentarse una transición hacia la democracia, a semejanza de la ocurrida en el fenecido Campo Socialista, ¿presionarían brutalmente para que los Castro fueran restituidos en el poder como los verdaderos representantes del pueblo cubano?
Los gobiernos de Costa Rica, Panamá, Perú, Chile, España y otros, pese a su comportamiento alejado del retrógrado y manipulador grupo en torno al ALBA, se dejan presionar y han aceptado la injusticia cometida con Honduras. Y con esa errática política han terminado por institucionalizar la ilegitimidad democrática a nivel regional.
En este tipo de coyuntura, ¿qué podrá sacar en limpio a favor de su pueblo la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que en el presente sufre la injustificada agresión y despojo a manos del gobierno de Nicaragua, sin que los países latinoamericanos se movilicen en contra del desafuero como lo hicieran con el gobierno hondureño?
El hermano pueblo de Venezuela, ¿encontrará algún amparo en los gobiernos iberoamericanos ahora que Chávez desconoce deliberadamente el Estado de Derecho? Al peor estilo de su mentor Fidel Castro, tan sólo esperó a retornar de Mar del Plata para radicalizar el desmembramiento de la democracia venezolana. Aunque su actuar anticonstitucional constituye un verdadero golpe de estado dirigido a secuestrar el poder, no se escucha una sola condena ni rechazo de parte de los flamantes mandatarios de la región.
Es alarmante que el resentimiento acumulado por los gobiernos latinoamericanos de corte izquierdista tenga tanto peso como para aplicarle medidas de ostracismo de nivel continental a un país como Honduras, pequeño y sin recursos. No se ha tenido en cuenta esto, ni que los hondureños supieron solventar con firmeza democrática los rezagos de una crisis nacional provocada por el intervencionismo del ALBA. En ese país no gobierna una junta militar ni civil surgida del operativo militar que depuso al aspirante a dictador Zelaya. Y se ratifica el hecho de que los poderes públicos elegibles de esa vilipendiada nación centroamericana están ocupados por funcionarios salidos de elecciones libres, multipartidistas e impolutas.
Por tanto, y en lo particular para los cubanos que sufren un régimen castrista y antidemocrático, la exclusión de Honduras de la comunidad latinoamericana establece un nefasto precedente. La justa causa libertaria sostenida por los demócratas de la Isla no debe aspirar a la solidaridad de los gobiernos de Iberoamérica, no si insisten en practicar una abusiva discriminación con los pueblos que defienden su soberanía. Esta es una penosa realidad a tener en cuenta.

Policías y ladrones

José Alberto Álvarez Bravo.
Probablemente durante toda nuestra vida, -en particular cuando arribamos a la vejez- la nostalgia por los días de nuestra remota infancia edulcora la carencia de juguetes, la crónica escasez de comida, de bienes materiales, complementada con una exuberante cosecha de sueños e ilusiones.
Imperecedero el recuerdo del “día de los reyes magos”, cada seis de enero. Melchor, Gaspar y Baltasar, resultaban incapaces de leer los millones de “carticas” que ya desde diciembre -o quizás desde antes- repletaban sus zurrones. Supongo que estos buenos hombrecillos leyeran las carticas por orden jerárquico. Primero los hijos de quienes tenían sus arcas llenas de dinero, y después, si acaso, los de quienes tenían sus estómagos llenos de expectativas. Quizás eso ayude a entender por qué me moriré ¿de viejo? sin ver llegar la bicicleta Niágara, ratificada con renovadas esperanzas en cada misiva celestial.
Como consuelo, debajo de mi humilde jergón, uno de los atareados duendes, en apresurado vuelo, solía dejarme un jueguito de carpintero, o un revolvito de fulminante. Ese día, la alegría por mucho tiempo contenida rompía sus cauces, y la despeinada grey entablaba una despiadada guerra de ¡pum, pum, ratatatá, te maté! ¡no, no; no se valió, yo te maté primero!
El juego de policías y ladrones alcanzaba ribetes de masacre. El duelo entre el bien y el mal, entre la ley y el crimen, era a muerte. Dos bandos bien delimitados, separados por una intangible barrera de intransigencia y desencuentro, a pesar de que no era infrecuente pertenecer alternativamente a uno o a otro “frente”.
La magia de la infancia se va sin retorno, y la cruda realidad de la vida impone sus imperecederas leyes. En la Cuba de hoy, a pocos días de concluir la primera década del siglo XXI y encontrándome a dos pasos de la ancianidad, reaparece en mi vida lo de policías y ladrones, pero ahora no es un juego.
La anécdota me la cuenta Ángel Reinaldo González Saladrigas. Creerla o no, depende en gran medida de predisposiciones y lealtades a sus majestades biraníes.

-A las cuatro y tres minutos de la tarde del sábado 18 de diciembre de 2010, hice una breve llamada al periodista independiente José Alberto Álvarez, comunicándole que pasaría en breve a visitarle.
Con esa intención, caminaba por la avenida 9 del Vedado, y luego de rebasar la calle H, percibí que un auto patrullero mantenía a dos jóvenes negros retenidos mientras les requería sus documentos de identificación. 
Al llegar al pequeño grupo, el uniformado requirió también mis documentos, demanda que cumplí sin ninguna objeción. El agente se dirigió al vehículo, y luego de comunicarse por la radio, me ordenó abordar el mismo.
Fui trasladado a la Unidad Policial sita en la intersección de las calles 21 y C, Vedado, y a poco de estar en el lugar, fui introducido en un pequeño local donde se me despojó de todas mis pertenencias.
Personados los oficiales de la policía política conocidos por Tamayo y Alexander, me comunicaron que el dinero contenido en mi billetera había sido enviado al periodista por un tal Cepero, y que siendo dinero de mercenarios sería decomisado sin apelación posible.
Después fui enviado a los calabozos, siendo trasladado sobre las ocho de la noche a la Unidad Policial Zapata y C, también en El Vedado, donde permanecí hasta cerca de las dos de la mañana.
Al reclamar en esta Unidad mis pertenencias, se me respondió que había sido recibido allí sin ninguna, y que pasara a recogerlas en la Unidad de origen, es decir, 21 y C.
Personado en ésta, al reclamar el dinero se me informó que eso era asunto de la contrainteligencia, y que la PNR nada tenía que ver con el tema.
El actuar de la policía política me crea la interrogante de si son policías, ladrones, o ambas cosas.

Laura y la distancia

José Alberto Álvarez Bravo.
Por lo común, el ser humano vive convencido de que las magnitudes son inalterables, fijas, inmunes a las complicadas teorizaciones relativistas de filósofos y “sesudos”, proclives a deambular de cirro en cirro, de nimbo en nimbo.
Una de las magnitudes que mejor corrobora lo inconmovible del axioma, es la distancia. La Ley Conmutativa apabulla a las mentes más díscolas, pertinaces en cuestionar hasta la existencia de lo tangible. La distancia de A a B es igual a la distancia de B a A. Fuera del perímetro del Hospital Siquiátrico, no hay arreglo, salvo que se circunscriba a los difusos límites de la onírica y/o, las alucinaciones, esas que se dan en “condiciones especiales”.
No solo hay que pensar, con sorna contenida, en estupefacientes o alucinógenos, sino también, por ejemplo, en una huelga de hambre “a rajatabla”. Sobre todo, después de la segunda semana.
Fundamentalmente desde el punto de vista económico, la huelga de hambre es infinitamente más ventajosa en materia de obtener esas “condiciones especiales”, pues en lugar de arruinarse –y arriesgarse- en la adquisición de costosos y peligrosos alcaloides, se economizan importantes sumas al prescindir de alimentos, dentífricos y papel higiénico, por no citar gastos indirectos como transporte vehicular, suelas de zapatos y otras nimiedades.
Claro que la huelga de hambre, aunque solo se reduce a colocarse un candado de firmeza de principios en la boca, no está al alcance de todos los terrícolas. A menos que, viviendo en sociedades normales, se trate de excéntricos o de tipos desesperados por llamar la atención.
Para que se justifique un acto de esta naturaleza, se requieren determinadas circunstancias, como por ejemplo, vivir en sociedades regidas por autócratas totalitarios.
Sé que a Usted, si leyó hasta aquí, dos topónimos le vinieron de inmediato a la mente: Corea del Norte y Cuba. Pero como es de esa gente que se machuca la corbata buscándole la contrapelusa a la caquita del piojo, enseguida arribará a la conclusión de que las diferencias idiosincráticas de ambas naciones impiden la comparación: los norcoreanos, hasta donde trasciende, soportan la esclavitud con mejor talante que los cubanos. O al menos que un creciente grupo –nada desdeñable- de cubanos.
Si la primera condición es el gentilicio, la segunda es la determinación de rechazar, con erguida virilidad, el ultraje al derecho ciudadano. El hecho propiciatorio: que la prepotente bota del tiranuelo caiga sobre ese derecho, por aplastar el mal ejemplo del desafío cuestionador de legitimidades y fueros.
Condiciones y motivo en mi haber, el 1 de diciembre di este responsable y serio paso.
Compatriotas dispersos por el planeta asediaron mi determinación, movidos por su convicción de la superior utilidad, para la noble causa, de mi presencia viva sobre mi ejemplo de mártir. Por lo magro y añejo de mi anatomía, a las dos semanas el móvil me traía voces lejanas, pero la fraternidad cubana me ponía corazones nuevos en el pecho, como para asistir al mío, exhausto y reticente. Nombres que mi cerebro se negó a retener, o pedir a los deudos anotar. Fabián, y mi Aldo bueno, cuyo corazón bombeó mi sangre, y me tiene aquí, trabajando por Cuba. Cecilia Cominero, quien pese a lo ligero de su bolso, puso a Sevilla, meca de la antiquísima tauromaquia, más cerca que Guanabacoa.
Asustado ante la firmeza inequívoca, el bunker envió dos médicos a controlar día a día el avance del deterioro físico, fuente nutricia del vigor moral. Y redujo, vencido y ridículo, el asedio gansteril a seis horas, una vez por semana, diluyendo la base de sustentación de mi postura.
Elemento decisivo, Moisés Leonardo Rodríguez y su propuesta de asumir, temporalmente, la labor de la Academia Nueva Esperanza en otra vivienda, pues según la vana palabra de los vicarios de sus majestades, su ubicación en mi domicilio es la manzana de nuestra discordia.
Seiscientas cuarenta palabras, transgresión de la continencia, pero no puedo ignorar el otro elemento que grabó con fuego nombres que, en lo sucesivo, de sitial no carecerán en mis afectos. Nombres que mi eterna novia –la letra impresa- y la tecnología, me permitieron rescatar del pandemonio.
La Galia, artesa de la cultura moderna, se rehúsa devolverme a Israel Betancourt, añorante de su tórrido caimán; Héctor Lemagne, con su anhelante corazón a dos latidos de su terruño; la Hispania legendaria, con Catalunya como cuna de mi chozno, tiene a Jorge Luis Llanes como en posición de arrancada; la nieve hostil de la distante Canadá no enfría el patriotismo de Ricardo López.
Limón limonero, las niñas primero. La delicadeza hacia el bello sexo nos viene de la cuna, pero no ha habido con Laura olvido, ni desdén, ni postergación. Ella inspira este tropel de palabras, pues puso alas a mi raciocinio, y me hizo entender que a los dieciséis días me podía considerar indómito.
Su nombre, Laura M. Pruna, es lo segundo que se de ella. Lo primero es que tiene un panal por corazón, y miel fina y ambarina en sus arterias. Y no fue idiota, ni vale un décimo de los que nos quedamos a retar al tigre. El Que Nació en Dos Ríos a la Eternidad, tampoco.
Pero quizás ni en esto radique la singularidad de Laura, sino en haber probado que, fuera de las Ciencias Exactas, la distancia no siempre es una magnitud rígida.
Cuando en el crisol de los buenos sentimientos se vierten el amor, el patriotismo, el desinterés y la bondad, la distancia puede convertirse en una abstracción sin dimensiones precisas. Cuando laten a compas dos corazones sangrantes por Cuba, la distancia desaparece como éter derramado.

De “encontronazos” y otros avatares

José Alberto Álvarez Bravo
“En todo grupo humano hay hombres de bajos instintos, criminales natos, bestias portadoras de todos los atavismos ancestrales revestidas de forma humana, monstruos refrenados por la disciplina y el hábito social, pero que si se les da a beber sangre en un río no cesarán hasta que lo hayan secado”
Fidel Castro, La historia me absolverá.

-“La vez anterior fue una conversación, ahora es un encontronazo”.
Esta frase, en labios del oficial de la policía del pensamiento conocido por Tamayo, presidió nuestro segundo encuentro, alrededor de las dos de la tarde del miércoles 22 de diciembre de 2010, en el mismo recinto del sótano de la Unidad Policial Aguilera, adonde fui conducido luego de mi temprano arresto junto a Moisés Leonardo Rodríguez y Luis Enrique Labrador por parte de más de una veintena de efectivos de la tristemente célebre Sección 21, adscrita a la Seguridad del Estado cubana.
Para una persona normal, el término encontronazo le sugiere el choque entre dos locomotoras, entre dos barcos, entre dos rinocerontes, o dos campeones superpesados en deportes de combate. Para un totalitario, puede ser entre un estudiante y un tanque de guerra, o entre un viejo devastado por dieciséis días de huelga de hambre, y dos jóvenes bien alimentados y entrenados en artes marciales; uno en calidad de detenido, los otros, de detenedores.
Por qué soy un opositor activo.
Para entender el proceso de mi cambio de ciudadano común a opositor activo, es preciso un poco de historia. Apenas cumplidos diecisiete años de edad, fui reclutado al Servicio Militar Obligatorio. Pasé los dos primeros años sin mayores tropiezos, pero al comenzar el tercero ya no podía tolerar la bota de quienes me negaba a aceptar como “superiores”, y fui condenado a seis meses de privación de libertad por Insubordinación de Palabra, dos años por Desobediencia de Orden, y cuatro años más por Quebrantamiento de Sanción. En la prisión de La Cabaña, fui testigo del asesinato de Manuel Cabana por parte de los guardias Florencio y Chávez, en diciembre de 1970.
Antes de cumplir veinte años de edad, cerca de Sagua la Grande, estuve a punto de ser destrozado, junto a Oscar Romero Lemus, por una verdadera lluvia de balas sdelano b CCCP. Cinco fusiles AK-47 vaciaron sus cargas de metralla, odio y muerte hacia el sitio en que habíamos buscado precario refugio. Un monstruo con figura humana, enfundado en un uniforme verde olivo, con un membrete sobre el bolsillo de la camisa –Ministerio del Interior- apuntó su pistola soviética sobre mi rostro en dos ocasiones, y dos proyectiles silbaron en mis oídos su canto de muerte. Yo, la cuarta generación de los Cuté nacidos en Cuba, pero desgajados de Catalunya, fui el primero de mi estirpe en soportar en su carne el ominoso “plan de machete”. Y no fue la Guardia Rural, por cierto.
Continué mi vida normal, cuatro hijos naturales y otro putativo, sin conocer de “encontronazos” y otros avatares con el poder perpetuo de los hermanos Castro Ruz, solo con un contenido rechazo corazón adentro.
En 1990, mi ya difunto amigo Amable Álvarez se ofreció para cumplirme un sueño: conocer personalmente a María Elena Cruz Varela y su Grupo Opositor Liberal Criterio Alternativo. Aunque no tenía aun los elementos políticos y la situación personal necesaria para pasar a la condición de opositor activo, este encuentro fue la escuela primera que me enseñó el camino a la libertad plena. Veinte años después, María Elena continúa siendo mi paradigma y mi inspiración. Pascualito y Lázara, las más valiosas gemas en el cofre de mis más caros afectos.
Después de haberme usado para descargar sobre mí un fardo de suspicacias de parte de María Elena y Criterio, fui acosado y maltratado por la policía de las ideas. Ese fue mi primer “encontronazo” con el Departamento de Enfrentamiento al Delito Contrarrevolucionario, versión caribeña y aventajada de la Gestapo, el KGB y la Stassi.
Dedicado por entero a ganar el sustento en el sector privado, a mediados de 2007 una llamada telefónica de mi ex compañera determinó el comienzo del tránsito definitivo de ciudadano común a opositor activo:
-“Alberto, Carlito está preso”.
Como es normal en situaciones de este tipo, mi posición preliminar se basó en la tesis de que si ha sido detenido, es porque algo indebido ha hecho. Hay que esperar la primera visita en la prisión Valle Grande para hablar sin interferencias: “Papi, yo no sé nada de lo que me acusan”.
Así comenzó una larga batalla contra uno de los procesos penales más amañados y escandalosos manejados por el Ministerio del Interior, a través de los tribunales peleles de la finca Gran Birán. Uno de los más odiosos crímenes de lesa inocencia, responsabilidad personal y directa del Señor Todopoderoso Raúl Castro, que permanecen sin solución como cobarde represalia por mi negativa a poner la mansa cerviz al yugo castrista.
El odio hacia la Academia Nueva Esperanza y hacia mi persona, se explica también por el hecho de que impartimos lecciones sobre el Derecho Positivo vigente en Cuba, normativas jurídicas que el régimen inconsulto que con tanto celo defiende el Señor Tamayo pisotea con grotesco frenesí.
Prueba de que el Ministerio de Justicia, el Tribunal Supremo Popular y la Fiscalía General de la República son serviles brazos ejecutores al servicio de quienes mandan en nuestra sufrida isla, es precisamente el caso de mi hijo Carlos Denis Crespo.
La Ley de Procedimiento Penal vigente establece un máximo de noventa días naturales para que la instancia se pronuncie sobre el caso que ha de ver. En el caso de mi hijo, la Licenciada Claribel Garlobo, del Departamento de Revisiones Penales de la Fiscalía Provincial de Ciudad de La Habana, tiene el expediente en su poder desde el 15 de octubre de 2007. De noventa días, a tres años y más de dos meses, me parece ver una notable diferencia.
Un joven cubano, humilde y mestizo, permaneció veintisiete meses en prisión al serle imputado un delito común con el que no tuvo la más mínima relación. ¿Por qué? Por la relación personal de su reticente ex suegra con un oficial corrupto (suelen ser sinónimos) del Departamento Técnico de Investigaciones, nombrado Rafael Sanamé. Alrededor del “delito” se implicaron dos Tenientes Coroneles del Ministerio del Interior. Luchando contra molinos de viento, ante mí quedó al descubierto toda la podredumbre que carcome la sociedad cubana, especialmente su andamiaje gubernativo, y sobre todo la administración de “justicia”.
Al Señor Raúl Castro agradezco la felicidad infinita de poder combatir la opresión desde dentro de Cuba.
Si en su momento el Señor Castro no hubiera ordenado congelar la revisión penal del caso de mi hijo, y se hubiese aplicado la ley preexistente, hoy quizás me estuviera privando del insuperable placer de calificar como opositor activo dentro del propio cubil de la fiera sedienta de sangre inerme. Pero, gracias al cielo, la rabia y la soberbia disimulada de este señor, y la torpeza y superficialidad con que decide el destino ajeno, me permiten el privilegio de ser enteramente libre, atendiendo a que pienso y hablo sin hipocresía.
Tamayo quiere respeto.
El señor Tamayo, principal entre los que dan la cara en nombre de la represión política en La Habana, quiere, como todo el mundo, que se le respete, tanto a su persona como a su cargo. En las dos ocasiones en que me ha secuestrado –él dice detenido- me lo ha exigido.
Parece ignorar que para ser acreedor al respeto, hay que merecerlo. No basta con disponer de suficiente autoridad para mandar a golpear mujeres, incluso por las mamas (Párraga, 17 de marzo 2010: “aplícale lo que te enseñé”; victima: Tania Montoya), para encarcelar ciudadanos desarmados (de armas de fuego, que no de valientes principios), para robarse el dinero que no le pertenece más que al legitimo dueño, para incautar sin motivo el documento de identidad a fin de crear dificultades adicionales al readquirirlo, sino que es preciso fundar cada acto en el amor al prójimo, en el respeto a los principios que rigen el normal funcionamiento de toda sociedad civilizada.
Qué más quisiera yo que poder respetarlo, pero él no me da motivos. Más que respetarle, ahora quiere que le tema, pero tampoco me da motivos. Quiere asustarme con la muerte y el purgatorio, con decomisarme lo poco que tengo –una laptop y una cámara fotográfica- , con no dejarme entrar ni un centavo del bolsillo de mis hermanos de la diáspora, cultivarme el síndrome de Stalingrad, encarcelarme, golpearme. Tarde han llegado sus amenazas. En otro tiempo tal vez me habría escondido, despavorido, debajo de la cama, pero me cansé de vivir con miedos.
De no haber levantado el ominoso asedio a mi domicilio, hoy sería un incómodo cadáver en el martirologio cubano de las huelgas de hambre. Obviamente, el régimen castrista carece de solvencia política para pagar por otro muerto.
Si es para perder el tiempo tratando de intimidarme, que Tamayo y el resto de quienes forman el grupo humano que rodea y perpetúa a los Castro en el poder acaben de convencerse de que es inútil continuar secuestrándome.
Sépanlo de una buena vez, señores del poder, y actúen en consecuencia: no les temo en lo absoluto.
Descendiente espiritual de Guamá, de Martí y de Maceo, una y definitiva es mi divisa personal:
Ser mártir a ser esclavo.

sábado, 1 de enero de 2011

Evo Morales cede ante presión popular

Barcelona/ Mambí en A/ El presidente de Bolivia, Evo Morales, canceló este viernes su decreto de incrementar hasta un 82% el precio de los combustibles, lo que provocó una ola de protestas en ese país andino.

Lula da Silva protege a criminal

Barcelona/ Mambí en A/ El presidente brasileño, Lula da Silva, en su último día de mandato se ha negado a extraditar a Battisti quien es reclamado por la justicia de Roma. El ex activista de extrema izquierda está condenado en Italia a cadena perpetua por 4 asesinatos en los años '70. Se espera la reacción de Roma, que ya había lanzado varias advertencias antes de conocer esta decisión.

Agustín Cervantes deja la Huelga de Hambre

Barcelona/ Mambí en A/ En conversación telefónica con el líder del MCL, Oswaldo Payá Sardiñas, el prisionero político que se encontraba realizando su décimo sexto día en huelga de hambre, Agsutín Cervantes, comunicó que deponía la misma.